Crímenes del comunismo: Iulian Mugur Călinescu. Viviana Padelin

12.08.2017

Viviana Padelin

El caso de Iulian Mugur Călinescu no es el único, hay muchas otras denuncias de casos similares en el período 1970-1980 en el que enfermedades inexplicables terminaron con las vidas de disidentes anticomunistas. 

Otoño 1981 en Botoșani, Rumania: desde la salida del trabajo a las colas interminables para comprar pan, luego a casa con la tristeza de la derrota diaria. Así transcurrían los días en la pequeña ciudad durante el régimen comunista.

"Estamos cansados de las filas sin fin" apareció escrito el 12 de septiembre en una de las paredes exteriores del Comité del Partido Comunista.

A la noche siguiente otros textos fueron escritos en tres paneles de la valla que rodeaba el lugar de construcción de metal de la Casa de la Cultura de la ciudad.

La Securitate fue alertada creando un Grupo Especial para identificar a los autores hostiles a régimen, en lo que denominaron "Operación Panel".

Sin embargo nuevos "grafittis" seguían apareciendo cada mañana en las plazas, veredas, edificios: "Queremos comida y libertad", "Queremos sindicatos libres", "Queremos justicia", ".

La madrugada del 18 de octubre la Securitate encontró al agresor escribiendo en la Casa de la Cultura: "Queremos justicia y libertad". Era, Iulian Mugur Călinescu de 16 años, estudiante, gran lector que soñaba con un intercambio estudiantil en Polonia que le permitiera conocer el sindicato Solidaridad.

Fue detenido por tres días en los que lo obligaron a beber café en una habitación extraña; luego lo dejaron ir. El principal objetivo era profundizar en la información obtenida sobre los autores ideológicos y las causas que lo llevaron a tomar esas acciones o las personas que influyeron en él.

Le arrancaron una declaración: " Las ideas y los sentimientos expresados en los escritos se deben a mi obediencia a las emisiones de Radio Europa Libre, donde aprendí sobre la realidad de la situación social, política y económica en nuestro país. Nadie me entrenó para que lo hiciera. Al escribir, a veces tuve miedo, un poco de emoción, miedo a ser descubierto; escribir una palabra y mirar hacia la izquierda y la derecha. Continuaría escribiendo de no haber sido descubierto, sólo quiero ayudar al despertar de la gente de Rumania".

Los docentes de su escuela, los líderes del Partido Comunista local y representante de órganos de seguridad declararon a Mugur enemigo y traidor al pueblo rumano, aconsejando su ingreso en un reformatorio.

Sin embargo y gracias a la insistencia e innumerables gestiones de su madre (incluyendo la reducción de su salario), la escuela lo acogió para su "reeducación".

A partir de ese momento los dos se quedaron solos. Sin amigos, sin vecinos, casi sin familia, bajo la la vigilancia del régimen: informantes y conversaciones telefónicas intervenidas.

Durante un año Mugur fue convocado con regularidad ante la Securitate de Botoșani. Poco a poco confesó el "tratamiento" e interrogatorio que sufría allí y que le ocasionaba fuertes dolores de cabeza: beber una taza de café y permanecer horas delante de una lámpara encendida.

En el verano de 1983 terminó la escuela secundaria con buenas calificaciones, óptimas para el examen de ingreso en la Facultad de Economía. Lo intentó, pero jamás sería admitido en la Universidad por los delitos que había cometido.

En el otoño de 1983 se le ordenó el servicio militar obligatorio. El examen médico lo encontró apto, pero lo enviaron al Hospital Militar de Iași para más estudios. Una semana después se le diagnosticó leucemia, cirrosis hepática e ictericia.

Mugur pasó largos períodos hospitalizado durante dos años. Finalmente murió el 13 de febrero de 1985, con 19 años; faltaban dos años para la Revolución Anticomunista de Brasov y algunos años más para la Victoria.

En mayo de 2017 el cuerpo de Mugur fue exhumado por orden de la justicia rumana para investigar si la leucemia fue causada por envenenamiento radiactivo. Los expertos sostienen que hay posibilidades de irradiar a una persona por la ingestión de cierta cantidad de sustancia (café en el caso de Mugur) Los isótopos radiactivos quedan fijos en los tejidos del cuerpo, reaccionan con el tiempo en la salud de la persona contaminada y puede causar una enfermedad grave con resultado de muerte; la leucemia es uno. Una "técnica" sutil para un tiempo relativamente largo.

El caso de Iulian Mugur Călinescu no es el único, hay muchas otras denuncias de casos similares en el período 1970-1980 en el que enfermedades inexplicables terminaron con las vidas de disidentes anticomunistas.