La ilegalidad del odio. Viviana Padelin

08.11.2017

Viviana Padelin

Al comienzo fue el discurso de tolerancia, la criminalización de la discriminación, los nuevos derechos y sus empoderados, la inclusión, su nuevo lenguaje y el crimen de odio. 

Finalmente hoy, la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela aprobó penalizar un sentimiento: el odio. Por tanto, quien se exprese de manera explícita en contra de la Divina Tolerancia Global del SXXI podrá ser sancionado hasta con 20 años de cárcel.

Un paso más al Mundo Feliz de Aldous Huxley en este gran laboratorio de experimentación social llamado Latinoamérica. Sin embargo, esta ley es también prueba de la fortaleza de quienes resisten en Venezuela: parece difícil para el régimen comunista disciplinar a muchos; algunos le han puesto el cuerpo, la vida, los sueños, los años. Los que no parecen dispuestos a rendirse a la reeducación igualitarista de la Agenda. Y son muchísimos más que el resto de sus vecinos del continente que resultaron más amigables a la adaptación de la nueva ingeniería social y hegemonía cultural, con una menor resistencia que no motivó represión violenta estatal, encarcelamientos o asesinatos, tal como ocurre en Venezuela.

La ley también obliga a los medios de comunicación a la difusión de mensajes que promuevan la tolerancia a un mínimo de 30 minutos de su programación semanal. Esta mordaza trasciende la pretendida censura y persecución de disidentes, imponiendo un nuevo paradigma moral basado en la educación (adoctrinamiento) para la tolerancia privando al individuo de las "armas defensivas" como rechazo o repudio; considerándolas como manifestaciones de intolerancia u odio. Del mismo modo que se utiliza en el resto de Latinoamérica la educación sexual en las escuelas para imponer otro ítem de la Agenda: la ideología de género.

Durante este año, el creador serial de ong´s, George Soros, instruyó a sus fundaciones en toda América a mediatizar el "discurso de odio" con el fin ulterior de imponer "por consenso social", su penalización. Finalmente, más tarde, los políticos levantarán la mano con el calor de sus bolsillos.

La sanción al odio es el instrumento jurídico de la corrección política, el peor terrorismo que sufrimos hoy en Occidente.

Un paso más hacia el igualitarismo, ese Hombre Nuevo aséptico e inerme.