LOS AUTOEXCLUÍDOS DE CARTAGENA. Viviana Padelin

19.04.2012

No es ofensa ni es enojo, este es el final. El final que Castro conoce y sabe: Chávez no tiene reemplazante.

Mucho se habla del fracaso de la Cumbre. No hubo declaración final, lo que implica que aún con la ausencia de Chávez, ninguno de los presentes logró concentrar consensos.

Esta Cumbre nos ha dejado la reafirmación de dos conceptos que ya conocemos: Sin Chavez, los presidentes del Foro de Sao Paulo dejan de existir y su liderazgo no tiene sucesor regional. Se deslucen y acobardan sin él. Ni siquiera tienen un viso del histrionismo y carisma caribeño del tirano. No concentran la atención de nadie, ni siquiera tienen gracia o simpatía. Repiten frases del "Imperio" a la que Chávez supo darle otrora un toque humorístico con el "olor a azufre".

Huyen ofendidos, tal como hizo Cristina Kirchner (y Evo Morales la siguió) cuando no logran imponer sus alocadas y extemporáneas condiciones. No sorprenden, más bien aburren. No impactan, cansan. Ni siquiera causan estupor, sino hastío. Tienen la previsibilidad de aquel que es inútil para todo: nada se espera de ellos, sólo que se vayan de una buena vez. Sus cortejos de focas aplaudidoras tarifadas son bien conocidos por todos: nadie cree que tengan seguidores, sólo mercenarios de cargos públicos y efímeras prebendas. Se les ha perdido el respeto porque se les ha perdido el miedo, no porque fueran respetables alguna vez. Les conocemos el libreto, nada nos sorprende.

Lucen ofendidos como Correa al excluir a Ecuador de la Cumbre bajo el berrinche de la falta de invitación al régimen genocida castrista y como el Alba entero en su ofuscación amenazante de no participar en el futuro.

No es ofensa ni es enojo, este es el final. El final que Castro conoce y sabe: Chávez no tiene reemplazante.

Los presidentes de segunda línea del Foro de Sao Paulo: Humala, Mujica, Funes, Lugo están muy cerca de la traición revolucionaria, a no ser que decidan inmolar a sus países por el Líder que ya no es.

Entre estas ausencias, ofuscaciones y finales, tampoco se ha visto en la Cumbre ningún atisbo de nuevos liderazgos opositores al neocom: rol que parece quedarle demasiado grande a Piñera, más concentrado en la buena vecindad con los neocomunistas que con el lugar que podría ocupar. Tal vez demasiado solo en el Continente.

Finalmente el TLC de Colombia-EUA parece ser el único logro de Cartagena. Un Santos, correcto anfitrión y diplomático poco sutil pero efectivo, concentró en esto su máximo esfuerzo.

Habrá más Cumbres, probablemente ya sin Obama. También sin pandilla revolucionaria. Cartagena deja eso: el autoaislamiento del fracaso.

Hasta acá llegaron.