MADURO: LA AGONÍA DEL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. Viviana Padelin

24.02.2014

Sin Chávez, el proyecto castrista estuvo en su tiempo de descuento. Maduro es la agonía. Para salvaguardar y blindar lo poco que queda de este neocomunismo regional, nada mejor que aislar a Maduro, siendo "su" fracaso en Venezuela, sacrificándolo políticamente de ser necesario

Finalmente, la revolución comunista mostró su verdadero objetivo en Venezuela: miseria y muerte. Tal como en Europa del Este, su objetivo es también su fracaso.

Sin dudas, el comienzo de la enfermedad de Chávez marcó el principio del fin de este proceso, Maduro fue y es el duelo. Duelo mediático, del que los venezolanos salieron a punta de falta de insumos básicos y violencia delictiva; en este último punto la muerte de Mónica Spear fue el injusto disparador del hastío ciudadano.

Nada peor para un gobernante y las falsas oposiciones que la gente ganando las calles. Venezuela, en activa resistencia, parece decidida a no abandonarlas más. Más aún, apoyada con el mismo entusiasmo en toda América con la certeza del "efecto dominó".

Sin embargo y pese a que la misma revolución está en juego en Latinoamérica (puede verse el impacto en Ecuador) resulta llamativa la tibia contraofensiva del Foro de Sao Paulo. En sus últimos discursos les habla a sus pares presidentes aliados, no puede entender esta ingratitud no sólo por el modelo ideológico, sino también porque llegaron con los votos que compró la gran chequera bolivariana. 

Si comparamos el despliegue revolucionario en apoyo a Zelaya en la Honduras del 2009, entendemos que Maduro hoy está solo: sus intentos de convocar a Unasur para denunciar el "golpe de estado" no parecen tener eco y las operaciones mediáticas nunca tuvieron menos difusión que ahora en la región.

Sin Chávez, el proyecto castrista estuvo en su tiempo de descuento. Maduro es la agonía. Para salvaguardar y blindar lo poco que queda de este neocomunismo regional, nada mejor que aislar a Maduro, siendo "su" fracaso en Venezuela, sacrificándolo políticamente de ser necesario.

Heridos, pero no muertos: así se terminará este segundo intento comunista en Latinoamérica. En adelante, se necesitarán muchos anticuerpos culturales contra las distintas formas y nombres que toma el comunismo, que sólo podrán inocular quienes lo han padecido y combatido. La mayoría de las dirigencias "opositoras" en Latam no están a la altura de esta exigencia. Será el tiempo de una nueva clase dirigente que surja de las calles, de las guarimbas, de las redes sociales, de aquellos ciudadanos que se han comprometido con sus propias libertades.

Ellos serán los efectores del absoluto cambio, los que asuman la responsabilidad que el destino les ha mostrado.