Justicia y Poder Judicial. Ed Vaghi

07.03.2018

Ed Vaghi

Si hay algo fundamental que a los gobiernos les interesa, es apoderarse del sistema judicial. La justicia no soluciona los problemas de delincuencia. Lo que para nosotros representa una solución, no representa del mismo modo para el gobierno. De lo contrario, no habría necesidad de reclamarle constantemente al Estado que haga ejercicio de su mayor responsabilidad, que es la seguridad nacional.

La medida de separar al mundo en dos, y que una de las partes sea destinada a una cárcel, no lleva implícita la limitación del crecimiento de la especie a la que queremos lejos de nuestro alcance. Únicamente representa una solución aparente a quienes no quieren ni deben estar obligados a convivir con esta.

Lo único que soluciona los problemas de la delincuencia es un sistema educativo. Más no uno en manos del Estado. El Estado es receptor de políticas globalistas las cuales debe aceptar, y debe contribuir en su desarrollo. Tanto el aumento de la delincuencia, como el de la clase lumpenizada, así como los procesos multiculturales, se deben llevar a la práctica por un motivo estratégico de control sobre la población.

La educación se define como un mecanismo de contribución en el desarrollo afectivo, social e intelectual de los niños. Su metodología consiste en obedecer que existe algo que se llama autoridad y la gente tiene la obligación de obedecerla. Son años de una repetición continua donde se entrenó a pensar: Si tú obedeces eres bueno y si no eres malo.

La educación no crea delincuentes, simplemente nos enseña a ser obedientes en un mundo de escasez, que genera codicia, celos, envidia y competencia. Uno puede convertirse en lo que sea de acuerdo a su entorno, de donde procede y a su experiencia.

Cierta cantidad de individuos terminan en manicomios, otros presos, y la gran mayoría ya no son recuperables, sus capacidades de discernir acerca de lo que generan con sus actitudes es nula, fugaron lejos del sistema solar, por lo que deberían estar separados del resto. Y quienes sí son recuperables, más los presos inocentes que comparten el mismo techo, serán discriminados al intentar reinsertarse nuevamente en la sociedad.

Las cárceles son contenedores de muertos vivientes, y a pesar de cual sea la causa de su estado actual, sería razonable mantearlos alejados, de quienes aún no han alcanzado el mismo estado de descomposición en un sistema putrefacto.