Naturalización de la antinaturalidad. Ed Vaghi Eccher

11.02.2018

Ed Vaghi Eccher

No creo que exista un solo ser humano que discrepe con el significado de la frase de la imagen. Ahora me pregunto; ¿Acaso no es también de forma unánime que afirmamos que lo que da sustento a una sociedad es la familia?

¡No te metas con mi familia! Claro, no solo que intimida el concepto de familia, sino que su estructura, crecimiento y desarrollo que dan sustento a la vida en sociedad, no merecen reflexiones, ya que está establecido que esos aspectos funcionan de forma correcta, por lo que no es necesario preguntar nada al respecto.

No estoy diciendo que haya que destruir la familia ni que tengamos que vivir todos bajo un mismo techo. Digo que la enseñanza que el sistema educativo genera en uno y en sus ancestros, de forma sistemática y durante toda la vida, es la aceptación y promoción de la forma en que socializamos dentro de un sistema absurdo, que carece de la expresión auténtica del ser humano.

Su dinámica se naturaliza en la mente del individuo. Pero lo cierto es, que producto de la forma en que aceptamos la realidad sin cuestionarla, producto de no saber cómo abordar nuestras complejidades, producto de fracasar en cualquier tipo de relación al carecer de herramientas que faciliten la compresión de las complejidades del otro, producto de pensar sistemáticamente en cómo ganarnos la vida, producto de entender los conceptos como el respeto, el optimismo y la libertad, pero sin poderlos aplicar de forma satisfactoria, es que terminanos adaptándonos a una sociedad enferma.

Lo que nos enseñaron nuestros padres, en la práctica evidencian las falencias del sistema educativo, ya que la enseñanza tiene como única intención, la de que seamos funcionales a un sistema parásito, es decir, a un sistema que se nutre de tu esfuerzo, de tu tiempo, de tu energía, de tu mente y de tus valores.

No es un tema de escasez de valores, tampoco es un tema de buscar culpables en una familia, ni de dudar de las buenas intenciones que hay detrás de sus miembros. Simplemente digo que nuestros padres, infestados del sistema, son inicialmente quienes ejercen el rol del borrado de nuestra identidad, con todo lo que eso conlleva.

Es realmente en la escuela en donde nuestra percepción de la vida surge en todo su esplendor. Su propio mecanismo evidencia lo que el sistema busca generar en nuestras vidas; Nos quieren callados, sumisos y receptivos para recibir las instrucciones indiscutibles de la autoridad. Lo que le urge a un ser humano, lo que realmente debe ser atendido en un ser humano, queda a un lado.

Los padres transmiten a sus hijos lo que ellos entienden que es lo mejor para ellos desde la forma en que ellos fueron educados. Y tendemos a naturalizar la anti naturalidad en la que vivimos, sin hacer cuestionamientos en donde está prohibido hacerlos, ya que así debe funcionar, es decir, así lo aprendimos.